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Culloden, la muerte de la Escocia libre y tradicional
El artículo en BBC History Magazine continúa diciendo que el nuevo centro de interpretación contará la historia "más objetivamente", y aduce que el National Trust para Escocia ha recibido quejas sobre la tendenciosidad jacobita del actual. Cita a Alexander Bennett, coordinador del "Proyecto Culloden" para el citado National Trust, quien afirma que "sin duda la exposición cuenta la historia de Bonnie Prince Charlie de forma muy romántica", y que "el nuevo centro de interpretación será completamente distinto, se limitará a ofrecer los hechos ... y dejará que los visitantes se formen su propia impresión sobre quién tiene razón y quién no". Luego se da un esquema de cuál será la nueva interpretación, en el que se apunta que una pregunta será si el gobierno hanoveriano tenía la razón y era una fuerza de progreso, y los jacobitas se equivocaban y eran una fuerza reaccionaria. (Seguro que a los carlistas españoles les suena esa línea argumental).
A propósito de este asunto, otro miembro de la lista jacobita escribía: "No importa cuáles sean las ideas políticas de cada uno, pero los jacobitas nunca fueron responsables de las crueldades de los soldados hanoverianos contra la población indefensa después de Culloden; y esto debe mostrarse, diga quien diga lo contrario ... y debe hacerse hincapié en que la versión que se expresaba en el breve documental mostrado en el actual centro de interpretación era más bien desfavorable hacia el Príncipe [Carlos Eduardo Estuardo] y su empresa; así que se me escapa cómo alguien puede decir que el centro es tendenciosamente pro jacobita".
Otro, en fin, recomendaba, "al visitar Culloden, dejar uno o dos minutos para pasear por las calles de Inverness. El autobús desde Culloden sigue una ruta distinta a la de los soldados hanoverianos ... Al entrar a Inverness por la vieja Nairn Road, puede verse el terreno donde las mujeres y los niños fueron víctimas de una matanza, sólo por el placer de las tropas. Una vez en Inverness hay que ir a la Iglesia Vieja, y ver las vigas de madera donde los de las Tierras Altas eran ahorcados ... en el McDonald's en la parte baja de Castle Street, que está donde la sangre formó una charca después de bajar por High Street y Castle Wynd."
"Hay que echar un vistazo en Chisholm's en Castle Street, o Russel en Huntly Street. Hacen kilts, prenda que podía hacer que te ahorcasen por vestirla. Si el encargado de McDonald's está fuera tocando la gaita, hay que recordar que este acto de desafío fue un día un crimen castigado con la muerte."
"Ahora vayamos al mismo Culloden. Quedémonos un minuto quietos en el sendero, y miremos a esas piedras donde los nombres de los clanes están grabados a punta de cuchillo. Pensemos que se arriesgaba la vida por grabar esos nombres. No se puede mirar esos nombres sin sentirse embargado por una gran humildad".
El jacobitismo y el carlismo han estado tradicionalmente unidos por la mutua simpatía y la fidelidad a los reyes legítimos respectivos. Los jacobitas procuraron auxiliar a los carlistas en las guerras del XIX. (Una muestra, en inglés: "New Kings on Old Thrones", 1898). No fueron tampoco ajenos a la causa nacional en la Cruzada de 1936-1939.
Contra la usurpación y contra la falaz "memoria histórica": ¡¡verdad y legitimidad monárquica católica!!
LIBERTAD, Y FELICIDAD
PADRES E HIJOS
LIBERTAD, Y FELICIDAD
Todos queremos que nuestros hijos procedan rectamente para poder sentirnos orgullosos de su comportamiento; también deseamos verles felices, pero, para que obren rectamente y sean felices, es importante que nosotros les hayamos enseñado cual es el camino para conseguirlo.
Hoy en día vivimos en un mundo excesivamente materialista, buscamos con avidez valores como la seguridad, el confort, la diversión... todos ellos son valores claramente ligados a la riqueza, a nuestra capacidad económica. Son principios variables, mutables... crean por tanto inseguridad, porque realmente, no pueden ser seguros. Por más riquezas que se atesoren, siempre puede venir un mal golpe de fortuna y en consecuencia, la ruina.
Es cierto que tenemos otros valores a los que damos importancia, como es la salud (aunque, desgraciadamente, también este es un valor material mutable, de hecho, siempre acaba derivando a bancarrota) y el conocimiento, que muy habitualmente solo lo utilizamos como un medio para alcanzar esa ansiada “estabilidad económica”, supuesta fuente de la felicidad basada en la seguridad, en el confort y en la diversión.
En búsqueda de esa felicidad material, nuestra propia vida se hace efímera, volátil... Nuestra vida desaparece ante nuestros ojos a velocidad de vértigo y por temor a preguntarnos en qué nos estamos equivocando, en vez de pararnos a pensar en lo que realmente necesitamos, seguimos aún con más ahínco buscando esa seguridad inalcanzable y llenando nuestro tiempo de estúpidos programas tele basura para sentir durante un rato como nuestras (pues las nuestras no nos gustan), las sucias vidas de unos “famosos” de pacotilla que venden al mejor postor su honor y su vergüenza, cuando no sus mismas almas. ¿No sería mejor que dedicásemos nuestro tiempo a estar y prestar más atención a nuestros hijos?.
Buscar cierta estabilidad económica, cierto nivel de confort, algo de diversión, cuidar nuestra salud... todo ello es necesario porque el hombre es materia, pero también somos seres espirituales y es en nuestro espíritu donde radica nuestra trascendencia.
La felicidad es un bien espiritual, no material. Si queremos que nuestros hijos sean felices, debemos hacerles comprender que la felicidad radica en el espíritu y no en lo físico.
Para llegar a ser felices, lo primero que debemos hacer es serenarnos y olvidarnos de las prisas, pues las prisas son fruto de lo material. El mundo de nuestro espíritu, es un mundo lento, casi inmutable. Es el mundo de los sentimientos (no el de los sentidos), es el mundo de las ideas y de los principios. Dos de los más fundamentales de esos principios son el amor y la libertad; hasta tal punto son transcendentes que son los que nos hacen iguales y semejantes a Dios.
Nuestros jóvenes quieren sentirse libres y entienden por libertad el hacer lo que les da la gana sin contar con los demás... ¡craso error! Y para colmo de males, suelen trivializar lo que es el amor hasta sustituirlo por el interés en una relación placentera mutuamente egoísta.
Es cierto que la libertad es la capacidad de decidir, pero desde el momento en el que tomamos una decisión, “perdemos” nuestra libertad, pues somos “esclavos” de la elección tomada. Si deseo ver a tres personas, tengo que decidir a quién visito primero. La libertad es por tanto un bien escaso que solo podemos ceder a cambio de lo que más ansiamos, es decir, de lo que amamos.
Una persona que ama a otra, debe desear la felicidad de la otra persona por encima de la propia, pues su felicidad se encuentra más en la persona amada que en su propia persona. Triste madre y triste padre son los que consideran que el tiempo que dedican a sus hijos no es el tiempo más feliz de sus vidas. Las cadenas que limitan nuestra libertad dentro de la familia, han de ser cadenas de amor y solo el egoísmo y la soberbia pueden hacernos creer que esas cadenas son pesadas.
Si nuestros muchachos comprenden que la felicidad es una potencia del alma y que se nutre de lo que amamos, para enseñarles a ser felices, debemos enseñarles a elegir lo que se ama. Si saben depositar su amor en lo que es digno, podrán amar sin dudas y sin dudar serán felices. Dice Juan Pablo II que la libertad es “para construir con ella la vida personal y la vida social”, pues libertad es nuestra facultad para buscar y obrar el BIEN.
