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Nahumita

Toc, toc, ¡alguien llama a nuestra puerta!

 

Nuestra civilización está vacía y se desintegra porque ha renegado de sus principios cristianos y, esclavos de un hedonismo absurdo, se ha entregado en brazos de una quimérica juventud infinita. Los “pijos” de la  "New age", defensores  del relativismo extremo, de la “Kultura de la muerte”,  admiradores de la “civilización gay” y del “culto al cuerpo”, son zombis que defienden una sociedad individualista basada en la autocomplacencia y en el “disfrute personal”. 

Se trata de un nuevo “progresismo” mucho más anti-clerical y engreído de lo que ellos mismos están dispuestos a reconocer. Es un progresismo que, ensalzado por el actual gobierno, está introduciendo en nuestra sociedad un egoísmo salvaje que traspasa la puerta del hedonismo para llegar a coquetear con la simiente, espiritual y socialmente destructiva, del nihilismo. Tanto es así, que una cantidad ingente de matrimonios se rompen hoy por puro egocentrismo, porque ni uno ni otro están dispuestos a encontrar la felicidad, sino es en su propia autocomplacencia.

Hace tiempo que llegamos al extremo de no querer tener hijos, porque los  hijos implican “sacrificar libertades” y disminuir “trenes de vida”… y si llegan “por descuido”, preferimos abortarlos antes de verlos, (lo que no se ve, no existe), para evitar asumir responsabilidades que nos "hipotequen" el futuro.   Tampoco queremos ver pobres, ancianos o enfermos terminales que nos recuerden que nuestra vida tiene un fin y un final. Y por ello preferimos desalentar a nuestros enfermos incurables y dejaremos que se suiciden, para que no nos molesten con su desagradable presencia… eso sí, soltaremos una lagrimita por lo “valientes” que han sido quitándose de en medio.

 

En aras de una sociedad más acorde con nuestros deseos inmediatos y menos exigente con nosotros mismos, hemos dado la espalda a la Iglesia que arropó nuestra fe e inspiró nuestra forma de entender al individuo y a la humanidad. ¿Hay vuelta atrás? Adormecidos en nuestro relativismo moral, empezamos a preocuparnos por el violento nihilismo que rodea nuestra sociedad laicista, y mientras decidimos si queremos volver a ser cristianos, el Islam empuja y es ya acuciante dar una respeta a nuestra pregunta:

¿Reconocemos y respetamos nuestras raíces cristianas?

 

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