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LA EDUCACIÓN Y SUS ETAPAS

 Padres e hijos 2 , la educación y sus etapas

Las necesidades de nuestros hijos van a ir cambiando a medida que van creciendo. Nos parece lógico ir variando y ampliando los alimentos que toma, sus juguetes, o las horas en las que estudia, pero incomprensiblemente, muchos padres mantienen una misma pauta educativa durante toda la infancia y juventud del niño. 

Educar a un hijo es conseguir que actué dentro de unos parámetros aceptables frente a una determinada situación y la disciplina, es la presión que ejercemos sobre ese niño para que actúe dentro de esos parámetros aceptables.

 

Pongamos un ejemplo: Es común que un niño no desee comer verduras hervidas, sin embargo, sabemos que estas son muy necesarias para su alimentación. Podemos prescindir de darle brécol, si es que le produce verdaderas nauseas, pero no podemos permitir que deje también de tomar acelgas, espinacas, col, zanahorias y judías tiernas. Debemos ir dando a conocer nuevos sabores y nuevas texturas al paladar del niño para que se habitúe a probarlo todo, de forma que más adelante pueda comer de todo. Para conseguir que tome verduras, podemos obligarle siempre, a tomar al menos un par de cucharadas completas de cualquier plato que le pongamos para comer. Es muy probable que al principio se niegue en redondo, pero el truco está en convencerle de que haga lo que haga, se las va a tener que tomar. En este caso, educar será conseguir que acepte comer las verduras hervidas y la disciplina, será la autoridad que tengamos que ejercer  para doblegar la voluntad del niño (no darle postre si no se lo acaba, mandarlo a la cama sin cenar...).

 

Una vez definido el concepto de educación, podemos pasar a diferenciar sus etapas. Las etapas educativas varían progresivamente en consonancia a la maduración del niño y guardan estrecha relación con la disciplina paterna. Se resumen en una frase:

 

EN LA PRIMERA INFANCIA, LE ORDENAS, EN LA NIÑEZ, LE EXPLICAS Y EN LA JUVENTUD, LE PROPONES.

 

La primera infancia abarca los primeros años de vida, en los que el niño es absolutamente egocéntrico y termina entre los tres y los cuatro años. En esta etapa deben de aprender los conceptos de autoridad y obediencia, el niño NECESITA la orden taxativa, sin paliativos, pues difícilmente comprenderá lo que no le es inmediato. La subordinación de sus deseos a las imposiciones paternas, le prepara (entre otras cosas), para aprender a dominarse y empezar a desarrollar sus capacidades reflexivas,  lo cual, más adelante, le permitirá aceptar con mayor facilidad los consejos paternos e incluso, los reveses de la vida. 

 

Hacia los tres años de edad y de forma paulatina, iremos variando nuestra pauta de conducta educativa y aunque seguiremos imponiéndonos, le iremos dando explicaciones del motivo por el que deseamos que haga o no haga tal cosa, con lo que le ayudaremos a comprender y valorar.

 

Finalmente, hacia la pubertad (entre los 12 y los 15 años), cuando consideremos que ya ha madurado lo suficiente, seguiremos explicándole cómo deseamos que actúe y el por qué deseamos que actúe de esa determinada manera. Gradualmente le iremos permitiendo ir tomando sus propias decisiones, recordándole que obtener la capacidad de decidir, implica la obligación de aceptar las consecuencias de esas decisiones.

 

No será fácil para nosotros ver como se hacen independientes, debemos ser francos y exigentes con ellos, enseñarles a ser sólidos como una roca, exigentes con ellos mismos, pero humanos y comprensivos con los demás. 

Nuestros hijos han de saber que estaremos a su lado siempre que necesite un consejo, pero ahora son ellos quienes deciden y quienes deben de asumir las consecuencias de sus decisiones.                           

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