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E n honor a los que Aman a España

              REFLEXIONES

Los firmantes de esta reflexión sobre España somos un grupo de militares de la más variada procedencia y graduación, además de un grupo de mujeres, esposas y viudas del Ejército de Tierra, Marina o Aire, y otros adheridos pertenecientes a la gran familia militar. No tenemos otro procedimiento para hacernos oír que la publicación de este texto en los medios de comunicación que accedan a insertarlo. Todos tenemos en común la profesión, o relación con ella, y tres ideas fundamentales que llevamos clavadas en el alma: Dios, Patria y Ejército. En este grupo se incluyen nuestras familias con las que compartimos estos mismos ideales.

Vemos con auténtica tristeza que nada ni nadie se opone a la campaña que desde hace unos años se ha desatado sobre la sociedad española tendente a sacar a Dios del alma de nuestra Nación, del alma de las familias españolas. Obras de teatro blasfemas, películas insultantes para nuestras conciencias cristianas, tertulias que hacen burla de nuestra fe y programas anticristianos, son normales en cadenas de televisión estatales o autonómicas. No faltan tampoco las exhibiciones pornográficas ni los brutales ataques a la Iglesia Católica, en muchos casos subvencionados por entidades institucionales, como es la anual exhibición blasfema en la cabalgata del llamado  “Día del Orgullo Gay”. Nos entristece e indigna la actitud de los poderes estatales y autonómicos, y nos sorprende la actitud, en muchos casos, poco combativa de la Jerarquía de la Iglesia Española (Iglesia somos todos) que a veces parece temerosa de perder lo que algunos consideran privilegios, y que no son tales, porque obedecen a una tradición y a unos tratados firmados con la Santa Sede.

Las gigantescas concentraciones de fieles en las visitas del Papa muestran que gran parte de España sigue siendo católica, pero nosotros, católicos con “fe de carbonero”, comprendemos que no es fácil desenvolverse en un Estado que presume de laico militante y que trata de arrancar a Dios de las aulas de los centros de enseñanza, pero esta comprensión no nos impide pedir a la Iglesia una actitud más combativa. 

Nos parece, cuanto menos tibia, la actitud de gran parte de esta Iglesia Española ante la Historia reciente que engloba la mayor persecución religiosa de la historia de la Humanidad. Las declaraciones de algunos obispos y sacerdotes nos producen decepción y sonrojo ¿Cómo es posible que haya que mendigar de iglesia en iglesia para decir una misa en el aniversario de la muerte del Generalísimo Franco, que fue restituyó y reconstruyó sus templos, seminarios y bienes arrasados o saqueados durante una II República que hoy se pretende “santificar”?. ¿Han olvidado que ese régimen puso en manos de la Iglesia la educación de los jóvenes españoles? También queremos y necesitamos una actitud más valiente e incansable de la Conferencia Episcopal en temas  candentes, como el del institucionalizado crimen del aborto.España, nuestra Patria, está atravesando un momento seriamente delicado. La unidad de España, que tantos siglos y sacrificios necesitó para consolidarse, está en un serio peligro. El Estatuto Catalán encierra todos los “mimbres” para que en un futuro próximo el Principado de Cataluña se independice. El mismo camino lleva el futuro Estatuto Vasco. Uno y otro inspirados en falsas reivindicaciones y auspiciados por partidos separatistas, que en el caso vasco se agrava por hallarse detrás una organización terrorista. El reciente festival separatista que hemos visto en un campo de fútbol, ante las miradas condescendientes de los presidentes autonómicos catalán y vasco, y la nula reacción institucional, nos muestra la profundidad del pozo en el que estamos cayendo. Después llegarán los estatutos gallegos, valencianos, mallorquines, canarios... directamente “traducidos” del modelo catalán, estatutos a los que la derecha política se adhiere de forma suicida.

Nosotros creemos que nuestra Patria puede salvarse si los españoles despertamos de una vez y nos damos cuenta de lo que se está jugando España en manos de unos políticos profesionales que, sin mandato constitucional alguno, hacen de nuestro viejo solar el arcón de sus ambiciones de poder. Si en aquel año lejano en que se votó la actual Constitución Española se hubiera dicho que lo que se votaba iba a traer los lodos estatutarios actuales ¿se habría aprobado? ¿No ha sido el pueblo español engañado, por unos inconscientemente, y por otros con plena conciencia de sus objetivos disolventes de la denominada Patria común? Si en aquellos años se hubiera dicho que ofender a la Bandera de España no era delito, que esa Bandera iba a quemarse impunemente en ciertos estadios de fútbol o que iba a desaparecer de Ayuntamientos y hasta de plazas de toros de España, que se iban a arrasar los Monumentos a los Caídos... ¿se habría votado la Constitución? Nosotros mostramos nuestro disgusto, por decirlo de manera literaria y suave, y adelantamos que no admitiremos un final deshonroso para nuestra Patria.

España no puede desaparecer por arte de magia gracias a unos coyunturales profesionales de la política. La situación increíble a la que se ha llegado en las Vascongadas, y también en Navarra, de la que se quieren apoderar, así como el dejar hacer a los resentidos nacionalistas catalanes para hacer desaparecer “lo” español de nuestro Principado, es responsabilidad compartida de la derecha y de la izquierda parlamentarias. Hoy esa derecha trata de dar marcha atrás a sus errores pasados, pero indudablemente con notable retraso. Y también observamos con profundo disgusto algunos gestos incomprensibles y los descorazonadores silencios reales.

Calvo Sotelo, cuyo asesinato apenas si aparece en esa rara “memoria histórica” institucional, dijo que el Ejército era la columna vertebral de la Patria, lo que a algunos provoca una risa nerviosa, pero han pasado los años y la frase del diputado asesinado se ha mantenido incólume. Si esta columna vertebral de la Patria enferma, se reblandece o se pudre, la Patria se derrumba. Quizá sea éste el objetivo de muchos porque, pese a todo, la existencia del Ejército es una garantía para la existencia de España. Al Ejército se le ha amordazado de forma anticonstitucional, y se le ha convertido, además de mudo, en un ente sordo y ciego. No existe organismo ni institución oficial alguna en esta democracia que nos represente. Cualquier grupo o gremio, incluidos los emigrantes o los okupas, tienen medios que expresen o acojan sus aspiraciones o quejas libremente, sin cortapisas; el Ejército, no. El “Mando”, la denominada “Cúpula”, sólo interviene en temas de servicio, y de forma muy limitada, porque se ha dejado maniatar por el poder hasta el punto de no haber dejado oír públicamente su voz ante la maniobra desintegradora del Museo del Ejército; el abandono del de Montjuich a su propia suerte; la destrucción de placas y monumentos castrenses, posiblemente con recuerdos de sus propios padres o abuelos; el permitir sin mover un músculo el final precipitado del servicio militar obligatorio por razones exclusivamente electoralistas; cambiar los versos de un poema a los Caídos para no molestar a los nacionalistas… ¿Hará algo ese “Mando” cuando se ordene suprimir la Oración de los Caídos, las tradicionales misas en celebraciones castrenses o los ascensos por antigüedad? Por simple odio, o rencor no contenido, se ha ofendido y despreciado gravemente a la familia militar quitando el monumento ecuestre dedicado al Generalísimo Franco en la Academia General Militar de Zaragoza, de la que fue su primer director y modelo de virtudes militares. Gran parte de los que firmamos esta reflexión fuimos educados en esa Academia a la que prestigió y dotó de inmarchitable espíritu. Nosotros no vamos contra la disciplina, que defendemos porque nos consideramos libres, vamos contra la humillante sumisión sin más. La disciplina es algo más noble y más profundo. El Ejército debe y puede hablar.

El Ejército, hoy FFAA, es una carta en la baraja del juego político, pero el que tuvo retuvo, y gracias a sus reducidos y silenciados cuadros de auténticos profesionales de la milicia y del honor, vigilados y observados con antipatía y recelo por muchas instituciones del Estado, se mantiene la esperanza de que España no se desintegre. Ni la política partidista de los ascensos selectivos ni determinados altos cargos bien remunerados, podrán exterminar el espíritu de nuestros compañeros en activo que, a Dios gracias, siguen siendo una pesadilla para las tramas y planes antiespañoles vigentes. Confiamos en ellos y ellos lo saben.

Nos oponemos a la falaz campaña cainita de la “Memoria Histórica”, así como a la condena de un régimen que es Historia, nuestra Historia, y en el que servimos con lealtad y entusiasmo a España en el Ejército de forma generosa y sacrificada durante gran parte de nuestra vida militar. No aceptamos la inicua ley de “Memoria Histórica”,  que más que un absurdo intento de reescribir la Historia, es un gravísimo error cuyas consecuencias pagarán los sectarios legisladores con la recreación de las dos Españas, que es quizá lo que pretenden. No olvidamos que cualquier condena es una ofensa a nuestros ideales y a nuestras Hojas de Servicio, condena que ninguno de nosotros va a aceptar ni a tolerar.

Estamos con las víctimas del terrorismo, con las miles de familias destrozadas por una banda de asesinos. Todos los firmantes de estas reflexiones somos de alguna forma víctimas de ese terrorismo, pues son centenares los familiares y compañeros asesinados por servir a España hasta las últimas consecuencias. Son ya miles los muertos y mutilados cuya sangre demandará Justicia hasta el final de los tiempos. No se debe negociar con asesinos, porque consensuar una presunta paz con asesinos es una monstruosidad.

No somos nostálgicos porque defendamos nuestro pasado, nosotros miramos hacia el futuro, porque queremos que España vuelva a ser la Patria de todos los españoles con un horizonte limpio y con un destino común.                 RELACIÓN DE FIRMANTES DE ESTAS “REFLEXIONES” D. Martín Acha y de Aracama.-Coronel de Artillería-RD. José María Agudo Gómez.- Comandante de Infantería-RD. Angel Aguilera Cabrera.-Coronel de Artillería-R D. Luis Alarcón Echevarría.-Alférez Milicia UniversitariaD. Tomás Almazán Lasteri.-Coronel de Caballería-RD. José Aranda Sánchez.-Coronel de Caballería.-R                                                 Dña. Mª del Pilar Romero Quintanilla .-Esposa de Militar                         Dña. Mercedes Durango Ballester.-Esposa de MilitarD. Arturo Armada Sarriá-Cornel de Infantería-R D. Luis Artero Pamplona-Coronel de Caballería-R Dña. Aurora Ruiz Ballesteros.-Esposa de MilitarD. José Artieda Fernández-Tte.Coronel de .Infª-RD. Gumersindo Arroyo Quiñones.-Coronel de Infantería-R                                     D. Horacio Barragán Morillo.-Alférez Milicia UniversitariaD. Eduardo Bengoa Román.-Hijo de MilitarD. Antonio Benítez Martín.-Comandante de la Legión-RDña. Eloisa Berruezo Quiñonero.-Esposa de militar.D. Leandro Bueno Romero.-Capitán de Navío-R D. Luis Cabanas Rubio.-Coronel de Caballería-R                D. Francisco Cabrera Galdeano.- Capitán de Artillería E. Aux-RD . Salvador Cabrera Galdeano.- Tte especialista (artificiero)Dña. Ana Calderón Fernández.-Viuda de MilitarD. Teodoro Camino Caturla-Coronel de Infantería-R                                        D. Miguel Camino Caturla-Coronel de Infantería-RDña.Verónica Guillén Espí .-Esposa de MilitarD. Juan Diáñez Matabuena.-Coronel de Caballería-R D. José Miguel Cano de las Heras-Coronel de la G.C.-RD. Mariano Cañas Barrera.-Coronel de Infantería-R D. Jesús Careo Arija.-Coronel de Infantería-RDña. Rosario Echeverri Córdoba.-Esposa de MilitarD. Luis Carcaño Alonso-Cuevillas-Coronel de Ingenieros-RDña. Mª del Carmen García de Carellan y Vázquez- Esposa militarD. Rafael Caturla Sánchez de Neira.-Coronel de Artillería-R D. Camilo Carrero Blanco Martínez. Galinsoga.-Capitán de Corbeta-RDña. Ana Mª Pérez Rosales Egozcue-Esposa de Marino                                                                                              D. Pedro Cascajo Rodríguez.-Coronel Médico del AireD. Fernando Celdrán Ruano.- Coronel de Artillería-R D. José Centenera Montalvo- Coronel de Caballería-R                                                                   D. José Clemente Corodonera.-Coronel de Infantería-R             D. Pedro Cobo Gámez.-Coronel de Infantería-RDña. Carmen Cobo Fernández.-Hija de militar                 Dña. Alejandra Corona Valdés.-Viuda de Militar                          D. Luis Cortés Murube-Coronel de Infantería-R                                                                      Dña. Mª Luisa del Corral Caballero-Viuda de Militar                             D. Joaquín Chamorro Rivera.Coronel de Infantería-RDña. María Eugenia Martín Astruga.-Esposa de MilitarDña. Purificación Chamorro Rivera.-Huérfana de MilitarD. Rafael Díaz de San Pedro-Tcol. De Artillería-RDña. Rosa Maª Díaz Torres.-Viuda de MilitarD. Juan Domínguez Ramírez- Coronel de Caballería-R (+) D. Tomás Durango y Rodríguez Marquina.-Coronel de Caballería-RDña. Carmen Durango Ballester.-Esposa de Militar                                                         D. Félix Estrada Nérida.-Coronel de Artillería-R                          Dña. Ana Maria Estella Guerrero.-Viuda de Militar           Dña. Mª Teresa Fernández Quintana.-Hija de militar D. Jesús Flores Thies.-Coronel de Artillería-R                  Dña. Mª del Pilar García-Conde Gómez-Esposa de militarDña. Concepción Yagüe Lucas.-Viuda  de MilitarD. Miguel Forés Díez-Coronel de Artillería-R                                                                                                   D. Fernando Franco Soberado.-Sarg.1º Escala Básica Artillería-Reserva                             D. Manuel de Fuentes López.-Capitán de Intendencia-RDña. Rosa Mª Churruca Ojeda.-Esposa de MilitarDña. Mª del Mar Churruca Ojeda.-Familia de MilitarD. Antonio Gadea Pérez-Victoria.-Coronel de Artillería-R D. José García Alcalde.-Coronel de Infantería-RDña. María Colodro Cruz.-Esposa de Militar D. Adolfo García Calvo Rodríguez-Coronel de Infantería-R                                                         D. José Luis García-Conde Gómez-Coronel Armª y Constr.-R   Dña. Mª Mercedes del Castillo Beraza.-.Esposa de Militar D. Alfredo García de Moya.-Coronel de Artillería-RDña. Concepción García-Morato Gálvez.- Hija de militar D. Ramón García Granzón.-Coronel de Artillería-RD. Enrique García Sánchez-Coronel de Infantería-R                                         D. Julio Giménez Sánchez.-Coronel de Caballería-RD. Ramiro Guerra Gordo.-General de Brigada de DivisiónDña. Mercedes Bernal Ibarra.-Esposa de MilitarD. José Magín Guerra Reigosa.-Coronel de Infantería-R    Dña. Pilar González Marañón.-Viuda de MilitarDña. Isabel Zerolo González.-Hija de Militar              Dña. Mª José Escudero Pinos-Esposa de Militar D. César Goas Escribano.- Coronel de Infantería-R  Dña. Pola Rodríguez Ortiz.-Esposa de MilitarD. Fernando Gómez Vilaplana.-Coronel de Infantería-R D. Luis González Vidán.-Coronel de Infantería-R                D. Luis Hernández del Pozo.-Coronel de Infantería-R                           D. Rafael Hidalgo de Rivera.-Comandante de Ingenieros-RD. Manuel Jiménez Linares.-Coronel de Artillería-RD. Fernando Lechuga Serrano.-Coronel de Artillería-RD. Juan León González-Coronel de Artillería-R           D. Francisco Lomo Relloso.-Coronel de Artillería-RD. Nemesio López Espinosa- Coronel de Infantería-RDña. Rosario-Isidra Mendieta-Castillo Díaz-Moya.-Esposa de MilitarD. Gabriel López Viota de Barreto.-Coronel de Infantería-RD. José Mª Manrique Fernández.-Coronel de Artillería-R                                  D. Manuel Marquina López-Coronel de Infantería-R                                      D. José Antonio Martiniano Infante.-Comandante O. M.-RD. Luis Martínez Palomares.-Alférez Milicia  Universitaria Dña. Maruja Marina Dorolea.-Viuda de MilitarDña. Marina Iranzo Domínguez.-Mujer de MilitarD. Andrés Mateos Blanco-Coronel de Infantería-RD. Ramiro Mateus García.-Comandante de la Guardia Civil-RD. Emilio Matías González.-Coronel de Infantería-R (+)Dña. María Laura Martínez Narbona.-Viuda de Militar.D. José Antonio Mayayo Sañudo-Coronel de Artillería-RD. Pedro Mediavilla Cuyás.-Coronel de Caballería-RDña. Eulalia Bataller Gaspar.-Esposa de MilitarD. Carlos Meer de Ribera-Coronel de Caballería-RD. Carlos Melero Izquierdo.-Coronel de Infantería-RDña. Carmen Claudio de Pro.-Esposa de MilitarD. Manuel Miquel Servet- Tte.Coronel de Infantería-RD.  Enrique Miranda Saavedra-Coronel de Artillería-RD. Luis Montesino-Espartero Juliá-Coronel de Caballería-RD. José Antonio Muñoz Ramírez.-Coronel de Aviación-R                          D. José Mº Núñez García-Coronel Intendencia de la Armada-RD. Ricardo Pardo Zancada-Cmte.de Infantería (EM) separado del servicio D. Antonio Pastor Fernández-Coronel de la G.C.-RDña. Mª del Carmen Muñoz Lacaste-Esposa de militar D. Manuel de Pedro Esteban. Tete. Coronel de Artillería-R                                                             Dña. Mª Teresa Herrero Garrote.-Esposa militar D. Ángel Pérez Pinilla.-Coronel de Artillería-RD. Manuel Pérez Rojas.-Alférez  ProvisionalDña. Mª Begoña García Carrillo.-Esposa de MilitarD. Carlos Pérez Sauras.-Coronel de Artillería-R Dña. Mary Carmen Pérez Sauras.-Viuda de MIlitarD. Francisco Pou Andreu-Coronel de Infantería-RDña.  Mª Luisa García Vallarino Pérez Córdoba-Esposa militarDña. María Pou García Vallarino-Hija de militar D. José Luis Prada Ramírez-Coronel de Artillería-RDña. Filomena González Bertrand.-Esposa de MilitarDña. Mª Dolores Ramos Velasco-Esposa militarD. Miguel de Ramón Plaza.-Coronel de Infantería-RD. Angel Ramos Izquierdo.-Coronel de Artillería-R Dña. Mª del Pilar Raso Sotés.-Viuda de militar D. Antonio Reyes Mateo.-Coronel de Infantería-R                                                                                        D. José Rico Rico-Coronel de Infantería-RDña. Encarna Ribot Cueto.-Viuda de militar D. Arturo Robsy Pons –Hijo de militarD. Enrique Rodríguez Almeida.y López Pozas-Coronel de Artillería-RD. José Román Casaus.-Coronel de Infantería-RD. Juan Romero Escobar.-Coronel de Infantería-RD. Francisco Romero Jordá.-Coronel de Caballería-RDña. Ana Úbeda Sanchiz.-Esposa de MilitarD. José Ruiz Ballesteros-General de Brigada de Infantería-RDña. Mercedes Martínez de Medinilla Casanova-Esposa de MilitarDña. Inés González Bertrand.-Esposa de MilitarD. Juan Antº Sánchez-Bustamante y Páez .-Com.Cº.Jurcº.Armada(ES)         D. José Manuel Sánchez Guey.-Tte.Coronel de Infantería-R Dña. Mª del Carmen Sánchez Lorente.-Viuda de Militar D. José Luis Santos Tamariz.-Coronel de Caballería-RDña. Mª Mercedes Miner Lozano.-Esposa de MilitarD. Ramón Sendín Santos.-Coronel MédicoD. José Serichol Aguilera-Coronel de Infantería-RD. Vicente Serradilla Vallinas-Cap.CAAC-RD. José Luis Somalo Aznar.-Coronel de Caballería-RD. Pedro Soriguieta Goiricelaya.-Coronel de Caballería -RDña. Mª Pilar Ruiz Ballesteros.-Esposa de MilitarD. Eduardo Suances Belquivir-Coronel de Artillería-RD. José Sevillano Pérez.-Coronel de Ingenieros-RD. Antonio Tejero Molina.-Tcol. de la G.C-Expulsado Ejército por 23-F Dña. Carmen Díez Pereira.-Esposa de MilitarD. Fernando Tello Prado.-Coronel de Infantería-R                             D. Antonio Vallejo Saldo.-Comandante de Infantería-R D. Ambrosio Varela Soler.-Coronel de Infantería-RD. Antonio Villarroya Huertas.-Tcol. de Artillería-RD. José Mª Velasco Zuazola-Coronel de Caballería-R                                     Dña. Mª Teresa Tuduri Esnal.-Esposa de MilitarD. Pedro Velasco Zuazola-Hijo de militar                                   D. Andrés Vergara Vergara .-Tcol. De Artillería-R                D. Juan Carlos Yurs Arruga.-Alférez de la Milicia Universitaria  116+55= 171
20/11/2006 10:25 Autor: Nahumita. Enlace permanente. Tema: Lo mejor de... No hay comentarios. Comentar.

Ortega y Gasset

Aquí va un texto ejemplar de un filósofo, nunca político, que escribe como piensa: Ortega y Gasset. Leyendo a Ortega y Gasset, que buena falta le haría a más de uno, en sus Obras Completas tomo I, pág. 539 Ed. Tauro, hace referencia a un párrafo que un antiguo profesor de Historia de España de la Universidad Central, hacia 1912, escribió:
“Yo quiero ser español y sólo español; yo quiero hablar el idioma de Cervantes; quiero recitar los versos de Calderón, quiero teñir mi fantasía en los matices que llevan disueltos en sus paletas Murillo y Velásquez; quiero considerar como mis pergaminos de nobleza nacional la historia de Viriato y del Cid; quiero llevar en el escudo de mi patria las naves de los catalanes que conquistaron a Oriente y las naves que descubrieron el Occidente; quiero ser de toda esta tierra, que aún me parece estrecha, sí; de toda esta tierra tendida entre los riscos de los montes Pirineos y las olas del Gaditano mar; de toda esta tierra redimida, rescatada del extranjero y sus codicias por el heroísmo y el martirio de nuestros inmortales abuelos. Y tenedlo entendido de ahora para siempre: yo amo con exaltación a mi Patria, y antes que a la libertad, antes que a la república, antes que a la federación, antes que a la democracia, pertenezco a mi idolatrada ESPAÑA”.
20/11/2006 10:40 Autor: Nahumita. Enlace permanente. Tema: Lo mejor de... No hay comentarios. Comentar.

Antonio Mª Rouco Varela y la Democracia

El futuro del Estado democrático

Conferencia pronunciada por el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid. Una evidente preocupación de cara al futuro del Estado libre y democrático de Derecho.

 

La cuestión ética ante el futuro del Estado democrático
Según el cardenal Antonio María Rouco Varela

 

[Conferencia pronunciada por el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, publicada por el semanario Alfa y Omega, con ocasión de su investidura como  Doctor Honoris Causa por la Universidad CEU San Pablo, en un acto celebrado el  23 de junio de 2006:]



Permítanme, en primer lugar, manifestar mi más profundo y sentido agradecimiento al muy estimado señor Gran Canciller y, en su persona, a la querida Universidad CEU San Pablo, por el honor que me concede al investirme hoy como Doctor Honoris Causa. Quisiera expresar también mi gratitud al excelentísimo señor Rector por sus cordiales palabras de acogida, y al profesor don Dalmacio Negro Pavón, que ha tenido la delicadeza de ofrecernos una valoración de mi labor académica, especialmente en el campo de la Teología del Derecho, en la que ha ido más allá de lo que mi persona merece.

Desde hace muchos años, me he sentido muy unido a la Universidad CEU San Pablo, con lazos de amistad personal y, no en último lugar, por gozosas razones pastorales. Es un honor para mí, ciertamente inmerecido, a la vez que es una gran alegría el ser recibido en el Claustro de esta Universidad a la que seguiré prestando, desde ahora con más motivos, mi colaboración y apoyo.
Haciendo memoria de mi ya lejana dedicación universitaria, y ante el momento presente –al que tiene que mirar la Universitas–, me pareció oportuno, y, en nuestros días, urgente, llamar la atención sobre la necesidad de iniciar una reflexión acerca de la cuestión ética ante el futuro del Estado democrático de Derecho.

La evocación de la Historia

En el capítulo de la historia del Estado y de las teorías políticas que lo han sustentado en los dos últimos siglos, marcados por la Ilustración, la cuestión del control jurídico del ejercicio de la autoridad pública ha ocupado un lugar sistemáticamente preeminente. La superación efectiva de la idea y de la realidad misma del poder absoluto, propio de las monarquías europeas del Antiguo Régimen, había constituido el objetivo por excelencia del pensamiento y de la acción política de todos los ilustrados europeos, antes y después de la gran convulsión histórica representada por la Revolución Francesa. El instrumento conceptual y teórico-jurídico que se emplea, bien conocido de todos, es el de la teoría de la división de poderes –el legislativo, el ejecutivo y el judicial– y de su mutuo control, expresado en un nuevo ordenamiento constitucional del Estado. El posible significado de la conciencia moral en la forma de asumir y de ejercitar la autoridad, fuese por medio de las leyes, de las decisiones de Gobierno o de la jurisprudencia, quedaría relegado progresivamente a un plano sin relevancia positivo-jurídica, cuando no negado escéptica y/o irónicamente.

La concepción del poder político se autonomiza cada vez más como una categoría amparada, en el mejor de los casos, por la fuerza sociológica. El respeto a las exigencias más básicas y elementales de la justicia, tal como las percibían el sentido común y el instinto ético del pueblo, se creían y esperaban encontrar salvaguardadas a través del primado jurídico de la ley u ordenamiento constitucional, al que habrían de someterse todos los poderes del Estado, y del principio formal de la soberanía popular. No hizo falta llegar a las tragedias históricas del constitucionalismo centroeuropeo del primer tercio del siglo XX, del cual es ejemplo excepcional la Constitución de la República de Weimar, para que se llegase a la conclusión práctica de que no hay seguridades jurídico-formales suficientes que puedan impedir por sí mismas, automáticamente, las transgresiones y las crisis constitucionales. Ante las inmensas ruinas materiales, espirituales y morales que dejó detrás de sí la Segunda Guerra Mundial y su relativo fracaso histórico, desde el punto de vista de la derrota total de los totalitarismos políticos –la Unión Soviética los continuaría encarnando dentro de ella misma y en sus Estado-satélites durante cuarenta y cuatro largos y ominosos años, hasta 1989, si bien con intensidad decreciente–, la pregunta que se alzaba lacerantemente ante la opinión pública mundial, al filo de los años cincuenta del pasado siglo, era cómo salvar y garantizar un orden de justicia en todos los Estados u ordenamientos políticos capaz de librar al hombre de la violación sistemática de sus derechos más elementales, y a la Humanidad de la guerra y de la lucha del todos contra todos: de la terrible máxima del homo homini lupus.

Se creyó encontrar la respuesta en un nuevo desarrollo jurídico-positivo del Derecho internacional en torno a la Organización de las Naciones Unidas y a su Declaración Universal de los Derechos Humanos. El Estado democrático de Derecho encontraría su último y efectivo sostén en el Derecho internacional. ¿Habría finalmente triunfado la doctrina sobre el valor universal del derecho de gentes –del ius gentium– con la que los maestros de la Escuela de Salamanca responden en los siglos XVI y XVII al doble y formidable reto del descubrimiento del Nuevo Mundo y del nacimiento de los Estados nacionales, a renglón seguido de la crisis irreversible de la cristiandad europea? Tristemente, no. Los maestros salmantinos fundaban su teoría del ius gentium en el derecho y la ley natural, inscrita por Dios en el ser personal y social del hombre, y reconocible objetivamente por éste en el sagrario de la conciencia como una exigencia ética primordial. Las Naciones Unidas, en cambio, y las teorías políticas y jurídicas que las inspiraban no pretendían –ni parece que pretendan hasta el momento– superar el plano doctrinal y moral del puro positivismo jurídico, de la teoría pura del Derecho –la reine Rechtslehre– de Hans Kelsen.

El proyecto y el programa de las Naciones Unidas suponía, con todo, un avance considerable en el camino de la paz y de una nueva civilización digna del hombre; pero claramente insuficiente, como se ha puesto de manifiesto a la luz de lo que ha venido ocurriendo en el escenario político del mundo en las últimas décadas. En los umbrales del nuevo siglo y del nuevo milenio resulta inevitable hacer dos constataciones: los derechos fundamentales de la persona humana, especialmente los más significativos y decisivos, como son el derecho a la vida, a la libertad religiosa y de conciencia y el Derecho al matrimonio y a la familia, junto con el principio y el valor del bien común o, lo que es lo mismo, el postulado ético de la solidaridad, se encuentran en profunda crisis tanto en el plano nacional como internacional. Crisis que puede arrastrar consigo –quiérase o no– la crisis del Estado mismo de Derecho tal como fue surgiendo y consolidándose en la segunda mitad del siglo XX. Porque no se trata sólo de infracciones y de incumplimientos de sus contenidos básicos, cometidos y/o consentidos en la práctica con peor o mejor conciencia, sino de su puesta en duda intelectual y cultural, y hasta de su negación teórica. Es decir, nos encontramos ante su cuestionamiento no sólo de hecho, sino de su razón de ser: de su cuestionamiento doctrinal.

Presupuestos éticos, pre-políticos


Ya en los años sesenta del pasado siglo un famoso teórico alemán del Derecho, luego magistrado del Tribunal Constitucional de Alemania, Ernst Wolfgang Böckenförde, planteaba la pregunta de «si el Estado libre y laico –secularizado– no se alimenta de presupuestos normativos, que él mismo no puede garantizarse». Los ecos de ese interrogante han llegado con creciente resonancia hasta nuestros días: hasta el ya famoso diálogo Jürgen Habermas–Joseph Ratzinger, que tuvo lugar, el 19 de enero de 2004, en la Academia Católica de Baviera.

Ambos autores coinciden en que el Estado democrático de Derecho precisa para su subsistencia de fundamentos que trasciendan un desnudo formalismo jurídico, máxime en un momento histórico –que Habermas califica como post-secular– caracterizado por el hecho de que en las sociedades más prósperas, es decir, las euro-americanas, se está asistiendo a un fenómeno cultural sorprendente: el de que el dominio de las respuestas inmanentistas y agnósticas, en el debate intelectual y en la realidad social vivida, comienza a ser relevado por un pluralismo de visiones del hombre y del mundo en el que la religión ocupa un puesto creciente en la estima popular, aunque a veces aparezca planteada, más allá incluso de la metafísica, en forma de nostalgia o de búsqueda inquieta de una solución trascendente para los grandes interrogantes de la existencia, es decir: en la forma de una respuesta genuinamente religiosa.

La irrupción del fundamentalismo islámico en el marco social, político y cultural de las sociedades, otrora cristianas y luego laicistas, viene a reafirmar a los dos pensadores antes citados en la tesis de la necesidad de un proceso comunicativo y de formación de la conciencia pública en el que deben intervenir la razón y la fe al unísono y, consiguientemente, la experiencia secular y la vivencia religiosa de la vida para llegar a precisar los contornos éticos mínimos e irrenunciables de lo que significan los principios sustentadores de la dignidad de la persona humana, de sus derechos fundamentales y de sus deberes de solidaridad en función del bien común nacional e internacional. Para lograrlo, habrían de evitarse lo que Ratzinger llama las patologías de la razón –bien manifiestas en la historia social, política y cultural del siglo XX– y, también, las patologías de las religiones, patentes hoy, sobre todo en el fundamentalismo islámico.

Detrás del lúcido diagnóstico histórico y, sobre todo, del análisis del presente europeo, que emerge del diálogo de Habermas y Ratzinger, se esconde una evidente preocupación de cara al futuro del Estado libre y democrático de Derecho. Por parte de la opinión pública europea, especialmente de sus sectores dirigentes, ¿se ha caído en la cuenta de la nueva y agudizada aparición de esos factores intelectualmente y políticamente disolventes, a los que hemos aludido, capaces de poner de nuevo en peligro el orden jurídico construido sobre el respeto a la dignidad inviolable de la persona humana, a sus derechos fundamentales, anteriores al poder del Estado y a su ordenamiento constitucional, y sobre la defensa y promoción libre y solidaria del bien común?

De nuevo circulan y se propugnan teorías antropológicas y visiones del mundo y de la vida en las que no queda sitio, no ya para una tabla de valores normativos indiscutibles sobre los que fundamentar la convivencia y la cooperación social, sino que tampoco lo hay para una concepción o una idea elementalmente nítida de la verdad del hombre. ¿Qué es ser hombre? ¿Quién es hombre? ¿Cuándo comienza y en qué consiste el ser humano, la persona humana? Lo único que vale para estas nuevas antropologías sociales, de un positivismo y pragmatismo radicales, es el uso práctico de una metodología social que averigüe e imponga lo que conviene a los más fuertes; es decir, el método sociológico de la dictadura del relativismo, como denunciaba en su famosa y clarividente homilía de apertura del Cónclave en abril del pasado año el cardenal Ratzinger. El riesgo máximo para la subsistencia de un ordenamiento libre y democrático de la comunidad política llega cuando esa teoría del absoluto relativismo ético se constituye en doctrina justificadora de la actuación del Estado, dispuesto a convertirse en la última instancia de los principios normativos de la ética pública, cuando no de la moral privada. Si, además, trata de enseñarlos obligatoriamente a través del sistema educativo, por encima de los derechos de los padres y de los alumnos, el peligro resulta extraordinariamente preocupante.

Urgencias de la hora presente

Ante esta situación, la apelación intelectual y el reclamo social de reconstituir procesos y cauces de intercomunicación entre los grupos y agentes que crean pensamiento, formas de ver la vida y hábitos culturales –entre los que hay que contar ineludiblemente a las instituciones religiosas–, en orden al reconocimiento lo más amplio y hondo posible de los principios éticos y los valores normativos de los que depende la suerte del hombre y de la Humanidad, sobreponiéndose a las pretensiones del poder y de las veleidades y modas sociológicas, son de una urgente y vital importancia para el futuro de las sociedades europeas; y, no en último lugar, de la española.
En Europa –y, por supuesto, en España– parece evidente que los dos grandes protagonistas de ese imprescindible proceso de diálogo cultural en el amplio sentido de la expresión han de ser el pensamiento laico –que no el laicismo ideológico– y el pensamiento cristiano: situados ambos ante el desafío históricamente formidable del fundamentalismo islámico, que les afecta al menos por igual. Presupuesto jurídico y político ¡conditio sine qua non! para que este método dialogal pueda llevarse a cabo y fructificar en la configuración de la conciencia social y en el ordenamiento constitucional de la comunidad política, es el respeto escrupuloso al derecho a la libertad religiosa y de todas sus connotaciones individuales, sociales e institucionales, que incluyen y presuponen, naturalmente, la libertad general de opinión y de expresión públicas, salvo el límite último de las exigencias de lo que la tradición filosófico-jurídica más común llama el orden público.

Y, desde luego, si no se impone un freno dialéctico o se excluye expresamente el tema del debate y la discusión intelectual del problema, se llegará con toda seguridad –la que se sigue de la lógica más auténtica– a la cuestión de Dios como fundamento último del orden moral, en el que, a su vez, están insertos y descansan el Derecho y el Estado. Juan Pablo II, en su libro póstumo Memoria e identidad, una honda y comprometida reflexión teológica sobre la historia del siglo XX al hilo de la experiencia espiritual y pastoral de la propia vida, expresada en el género literario de la conversación –al filo de dos milenios, lo subtitula él–, llega al siguiente juicio sobre el racionalismo antropológico y jurídico inmanentista: «Todo esto, el gran drama de la historia de la Salvación, desapareció de la mentalidad ilustrada. El hombre se había quedado solo; solo como creador de su propia historia y de su propia civilización, solo como quien decide por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo, como quien existiría y continuaría actuando etsi Deus non daretur, aunque Dios no existiera. Pero si el hombre por sí solo, sin Dios, puede decidir lo que es bueno y lo que es malo, también puede disponer que un determinado grupo de seres humanos sea aniquilado. Determinaciones de este tipo se tomaron, por ejemplo, en el Tercer Reich por personas que, habiendo llegado al poder por medios democráticos, se sirvieron de él para poner en práctica los perversos programas de la ideología nacionalsocialista, que se inspiraba en presupuestos racistas. Medidas análogas tomó también el Partido Comunista en la Unión Soviética y en los países sometidos a la ideología marxista».

¡Un texto memorable para esa nueva andadura ética y religiosa que necesitan urgentemente Europa y, sin duda alguna, España! El futuro de la democracia libre y solidaria como marco cultural y jurídico para la construcción de una Unión Europea políticamente sólida y para el destino de una España unida humana, espiritual y socialmente, depende en una decisiva medida de saber volver a sus raíces cristianas, en diálogo abierto con el laicismo de la mejor tradición humanista, no ausente de la historia contemporánea de España, como no lo ha estado de la de Italia, con la que compartimos situaciones culturales, espirituales y religiosas muy semejantes. Véase, si no, la otra obra, fruto del diálogo entre el profesor Pera y el mismo cardenal Ratzinger, de mayo de 2004: Senza radici. Europa. Relativismo. Cristianesimo. Islam.

Martín Heidegger, el filósofo del intelectualmente más autosuficiente existencialismo, tenía que reconocer al final de su vida, en 1976: Nur Gott kann uns noch retten: Sólo Dios puede todavía salvarnos. Recurrir a la oración para despejar y abrir generosa y magnánimamente mentes y corazones, a la hora de proponerse sin demora y de alcanzar ese objetivo históricamente urgente e ineludible de poner renovados fundamentos éticos a la sociedad y al Estado entre nosotros, europeos y españoles del siglo XXI, es un medio al alcance de todos y de una probada eficacia.

+ Antonio Mª Rouco Varela

20/11/2006 13:09 Autor: Nahumita. Enlace permanente. Tema: Lo mejor de... No hay comentarios. Comentar.


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